El Palacio de la Magdalena se visita con guía: el interior en unos 45 minutos, o un recorrido combinado con la Península en dos horas. La entrada general cuesta 6,50 €, con descuentos hasta 4,50 €, y los jardines de la península son gratuitos. Las entradas se compran online en palaciomagdalena.com, a unos 25 minutos en coche desde Bareyo.
Cuando el Ayuntamiento de Santander decidió regalar un palacio a los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia por su boda de 1906, no se conformó con una casa de veraneo cualquiera. El edificio se levantó por suscripción popular entre 1908 y 1912, en lo más alto de la península que hoy lleva su nombre, y se convirtió en la residencia estival de la Corona durante diecisiete veranos seguidos, hasta 1930.
Hoy el palacio ya no aloja a ninguna familia real. Sus salones acogen los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y, el resto del año, se abren al público en visitas guiadas que recorren las estancias donde despachaba Alfonso XIII y recibía Victoria Eugenia. La península que lo rodea, con sus acantilados, sus praderas y su pequeño recinto de fauna marina, se puede recorrer libremente y sin entrada, sea o no temporada de visitas al edificio.
Historia del Palacio de la Magdalena: de regalo real a sede universitaria
El proyecto fue cosa de dos arquitectos cántabros, Gonzalo Bringas y Javier González de Riancho, que mezclaron el estilo inglés y el normando en un chalet de piedra de sillería a escala de palacio. No es casualidad: la arquitectura de veraneo de la burguesía santanderina de principios del siglo XX bebía de esas mismas referencias, y el Palacio de la Magdalena las llevó a su máxima expresión. Durante diecisiete veranos, entre 1913 y 1930, la Corte se trasladaba entera a Santander cada julio, y la ciudad organizaba regatas, verbenas y actos oficiales alrededor de la vida real en la península. Con la Segunda República, el uso cambió de raíz: desde 1932 el edificio pasó a manos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, que sigue celebrando aquí sus cursos de verano casi un siglo después.

Cómo es la visita guiada al Palacio de la Magdalena
El interior solo se puede ver con visita guiada, nunca por libre. El recorrido más habitual dura unos 45 minutos y pasa por las estancias de la planta principal que se conservan abiertas al público: el gabinete de Su Majestad, el comedor de gala y algunos salones con el mobiliario y los objetos de la época. Existe también una visita combinada, de unas dos horas, que añade un paseo guiado por la península. Las entradas se compran con antelación en palaciomagdalena.com o en entradas.santander.es, y conviene reservar con varios días de margen en julio y agosto, cuando los grupos se llenan rápido. Fuera de temporada alta el ritmo es más tranquilo y es fácil conseguir plaza para el mismo fin de semana.

La Península de la Magdalena: jardines, acantilados y focas
No hace falta entrada para recorrer la península. Un paseo de media hora larga permite bordear los acantilados, cruzar las praderas donde pastan los ciervos y llegar hasta el pequeño recinto de fauna marina, con una piscina de focas que lleva ahí desde los años en que España mantenía una base en la Antártida y traía ejemplares a Santander. Es uno de los rincones favoritos de las familias que visitan la ciudad, precisamente porque combina naturaleza, historia y un puntito de zoológico sin que haga falta pagar nada. Las vistas hacia El Sardinero y la bahía, sobre todo al atardecer, son de las mejores que se pueden conseguir en Santander sin subir a ningún mirador de pago.

Lo que hay que saber
El palacio abre de martes a domingo, con horario de mañana y tarde que se amplía en temporada alta, con turnos también los fines de semana por la tarde-noche en verano. La entrada general cuesta 6,50 €; hay tarifa reducida de 4,50 € para mayores, jóvenes, personas en desempleo y familia numerosa, y entrada gratuita para menores de 6 años. Los jardines y la península se visitan sin entrada, todos los días. El acceso en coche desde Bareyo son unos 25-30 minutos por la A-8; una vez en Santander, el aparcamiento más cómodo está en la propia península o en las calles de El Sardinero, a un paseo corto de la entrada. Podéis consultar horarios actualizados en la página oficial del Ayuntamiento de Santander.
Diecisiete veranos bastaron para convertir esta península en la auténtica residencia de verano de España, sin que la Corona tuviera que salir de Cantabria.
Después de una mañana entre salones reales y acantilados, lo que más apetece es volver a un sitio tranquilo, sin colas ni grupos de turistas. Si esta visita os ha sabido a poco, en nuestra guía de Santander en un día tenéis el resto de paradas imprescindibles de la ciudad, con el Centro Botín, el MUPAC y El Sardinero incluidos. Bareyo Residences está a esos mismos 25-30 minutos de Santander, entre el Camino de Santiago y el Cantábrico, y desde septiembre de 2027 tendrá dos villas listas para quienes buscan justo ese contraste: un día de palacio y una tarde de campo abierto.


