Santillana del Mar, Comillas, Santoña, Castro Urdiales, San Vicente de la Barquera, Liérganes, Bárcena Mayor y Güemes son, por historia, arquitectura y entorno natural, los pueblos más bonitos de Cantabria. Cuatro de ellos —Güemes, Santoña, Castro Urdiales y Liérganes— están a menos de 40 minutos de Bareyo, en la costa oriental.

Cantabria tiene una densidad de pueblos con encanto poco habitual para su tamaño: en menos de dos horas de coche se pasa de una villa marinera fortificada a un pueblo de montaña declarado uno de los más bonitos de España. No hay un único criterio para hacer esta lista — mezclamos casco histórico bien conservado, entorno natural y, sobre todo, que merezca la pena el desvío desde la costa.

Vista panorámica de un pueblo costero de Cantabria con casas tradicionales y el mar al fondo, luz de mañana

El orden que hemos elegido para estos pueblos más bonitos de Cantabria no es de mejor a peor, sino de cercanía a Bareyo: empezamos por los que están a un salto desde las villas y terminamos en el interior, en el valle del Saja, donde ya hace falta una excursión de día completo. Si solo tienes una tarde, los cuatro primeros bastan. Si tienes un fin de semana, merece la pena llegar hasta el último.

Güemes, a diez minutos de Bareyo

Empezamos por el pueblo más cercano a Bareyo, apenas diez minutos por la comarcal. Güemes es diminuto, pero es parada obligada del Camino de Santiago del Norte gracias al albergue La Cabaña del Abuelo Peuto, fundado por el padre Ernesto Bustio y con más de cuarenta años recibiendo peregrinos casi de forma gratuita. No hace falta llevar la credencial del peregrino para acercarse: el propio pueblo, con sus praderas verdes y caseríos de piedra dispersos entre colinas, resume bien el paisaje rural de Trasmiera. Si te anima a explorar la ruta completa, tenemos una guía con las etapas del Camino del Norte por Cantabria, paso a paso. La mejor hora para pasear es al atardecer, cuando el tráfico de peregrinos baja y el pueblo recupera el silencio.

Fachada del albergue de peregrinos La Cabaña del Abuelo Peuto en Güemes, con caminantes del Camino de Santiago

Santoña, la villa de los tres fuertes

A veinte minutos, Santoña rompe el patrón de pueblo tranquilo: es una villa con carácter, con tres fuertes declarados Bien de Interés Cultural (San Martín, San Carlos y El Mazo) que datan de la época de Felipe II — la mayor concentración de fortificaciones históricas de España en un solo municipio. La iglesia de Santa María del Puerto, del siglo XIII, preside el casco histórico, y el Monte Buciero cierra la bahía con un mirador natural. La otra cara de Santoña es la anchoa: la industria conservera, heredada de familias italianas instaladas aquí tras la Primera Guerra Mundial, sigue marcando el ritmo del pueblo. Comprar una lata directamente en una conservera de la Plaza de San Antonio es tan parte de la visita como pasear por el fuerte.

Fuerte de San Martín en Santoña visto desde el paseo marítimo, con el Monte Buciero al fondo

Castro Urdiales, la villa con más vida

Castro Urdiales queda ya en Cantabria pero roza el límite con el País Vasco, a unos 35-40 minutos de Bareyo. Es probablemente la villa con el perfil más reconocible de la región: la iglesia gótica de Santa María, el castillo-faro medieval y el puente romano se alinean junto al mar como si fueran de atrezo. El barrio pesquero de Brazomar y el paseo marítimo completan un casco histórico que aguanta bien la comparación con cualquier villa marinera del norte. Es también la parada con más ambiente de bar y terraza de esta lista — si buscas un pueblo bonito que además tenga vida por la tarde-noche, este es el que mejor combina las dos cosas.

Castillo-faro de Santa Ana y la iglesia gótica de Santa María de Castro Urdiales vistos desde el puente medieval

Liérganes, el pueblo del Hombre Pez

Liérganes está tierra adentro, en el valle del Miera, y es el único de la lista con leyenda propia: la del Hombre Pez, el joven Francisco de la Vega, que desapareció nadando en 1674 y reapareció años después, cubierto de escamas, en la bahía de Cádiz. Hay una estatua bajo el Puente Mayor y un centro de interpretación en un antiguo molino que cuenta la historia completa. Al margen del mito, Liérganes es un conjunto declarado de interés histórico-artístico por su arquitectura clasicista de los siglos XVII y XVIII, con un balneario de aguas termales inaugurado en 1862 que llegó a recibir a Alfonso XIII. Menos fotografiado que otros pueblos de esta lista, pero con más historias por metro cuadrado.

Puente Mayor de Liérganes sobre el río Miera, con la estatua del Hombre Pez

Santillana del Mar, el pueblo de las tres mentiras

Santillana del Mar es la elección obvia — y con razón. El dicho popular la describe como el pueblo de las tres mentiras: ni es santa, ni es llana, ni tiene mar. Lo que sí tiene es uno de los conjuntos medievales mejor conservados de España: calles empedradas, casonas con escudos nobiliarios y la Colegiata de Santa Juliana, además de la Neocueva del Museo de Altamira a las afueras, con la réplica de las pinturas rupestres declaradas Patrimonio de la Humanidad. Es también el pueblo con más afluencia de esta lista, así que si quieres las calles para ti solo, la mejor hora es a primera hora de la mañana, antes de que lleguen los autobuses de excursión.

Calle empedrada del casco histórico de Santillana del Mar con casonas de piedra y escudos nobiliarios

Comillas, la única obra de Gaudí en Cantabria

A quince minutos de Santillana, Comillas suma a su casco histórico un extra que no tiene ningún otro pueblo de Cantabria: El Capricho, la única obra de Antoni Gaudí en la región, construida en 1883 como villa de recreo y hoy museo visitable. Junto a él, la Universidad Pontificia y el cementerio modernista, obra de Lluís Domènech i Montaner, completan un recorrido de arquitectura que parece fuera de lugar en un pueblo de pescadores — y es precisamente ese contraste lo que lo hace memorable. El paseo marítimo y la playa de Comillas, justo debajo del pueblo, son el broche perfecto para bajar el ritmo después de la visita.

San Vicente de la Barquera, castillo sobre la ría

San Vicente de la Barquera se ve antes de llegar: el castillo y la iglesia gótica de Santa María de los Ángeles, reflejados en la ría, forman una de las estampas más fotografiadas de Cantabria, sobre todo desde el puente de La Maza al atardecer. El barrio pesquero, con su lonja todavía activa, y la playa de Merón a un paso completan la visita. Es el pueblo con más mar de toda la lista — rodeado de ría por tres lados — y el que mejor combina casco histórico con planes de playa en el mismo día.

Santiago Lacarta · unsplash

Bárcena Mayor, el más antiguo y el más alejado

Cerramos con el que exige más desvío pero también más recompensa. Bárcena Mayor, con poco más de 80 habitantes, es el único núcleo de población dentro del Parque Natural Saja-Besaya y el más antiguo de esta lista — declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1979 y miembro de la asociación de Los Pueblos más Bonitos de España desde 2015. No se puede entrar en coche hasta el centro: hay que dejarlo en el aparcamiento y caminar, lo que garantiza un silencio que ya no existe en la costa en verano. Casas de piedra y madera, tejados oscuros y el río Argoza cruzando el pueblo — si buscas el contraste total con la costa de Bareyo, este es el viaje que lo consigue.

Calles de piedra del pueblo de Bárcena Mayor, en el Parque Natural Saja-Besaya, con casas tradicionales de montaña

Lo que hay que saber

Los pueblos más bonitos de Cantabria más cercanos (Güemes, Santoña, Castro Urdiales, Liérganes) se visitan en menos de 40 minutos desde Bareyo y se pueden combinar dos en la misma tarde.

Santillana del Mar, Comillas y San Vicente de la Barquera están a 45-60 minutos y forman una ruta natural de un día completo por la costa occidental.

Bárcena Mayor requiere ya una excursión aparte, de poco más de una hora, adentrándose en el Parque Natural Saja-Besaya.

En temporada alta (julio y agosto), Santillana del Mar y Comillas se llenan a media mañana — mejor visitarlos a primera hora o al final de la tarde.

La mayoría de los cascos históricos son peatonales o de tráfico muy restringido: deja el coche en el aparcamiento de acceso y camina el resto.

Ocho pueblos, ocho maneras distintas de entender qué es un pueblo bonito en Cantabria — y ninguna se parece a la anterior.

Vivir en Bareyo significa tener los cuatro primeros pueblos de esta lista prácticamente en el patio de atrás, y el resto a un trayecto razonable para una excursión de fin de semana. Es una de esas cosas que solo se valoran del todo cuando ya no hace falta planificar el viaje — simplemente se sale por la puerta.

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