Las mejores croquetas de Cantabria se reparten entre las tascas de siempre y la alta cocina: Bodegas La Conveniente y Cañadío en Santander mantienen la receta clásica de cocido, Maula Gastro Bar apuesta por la croqueta líquida de autor, y el Restaurante Solana de Ampuero sirve una croqueta de jamón Joselito que fue campeona del mundo en 2017.
En Cantabria la croqueta no es un entrante cualquiera: en algunos bares lleva sirviéndose casi sin cambios desde hace más de medio siglo, y en otros se ha convertido en la pieza que reinventa toda la carta. Entre el centro de Santander y los pueblos del interior hay una distancia corta en kilómetros pero un salto grande en estilo, y eso es exactamente lo que hace interesante recorrerla con hambre y sin prisa. La receta base -bechamel, leche, un buen fondo y pan rallado- es la misma en todas partes, pero el resultado cambia por completo según el bar, la mano y la materia prima que se use para darle sabor.

Para esta lista hemos elegido seis direcciones que representan las dos caras de la croqueta cántabra: la tasca de siempre, con bechamel cremosa y jamón o cocido, y la cocina de autor que la convierte en plato central de la carta. Todas están a menos de 40 minutos de Bareyo, la mayoría en el centro de Santander y a poca distancia entre ellas, y una suma el sello de una Estrella Michelin, así que la ruta se puede hacer tanto de tasca en tasca como en un único desplazamiento a Ampuero.
Bodegas La Conveniente
En la Plaza de Cañadío, pegada a Puerto Chico, Bodegas La Conveniente lleva más de un siglo sirviendo cocina de bodega tradicional y sus croquetas de cocido tienen fama de ser las mejores de la ciudad. Se elaboran con el propio caldo y la carne del cocido montañés, lo que les da un sabor mucho más intenso que el de una croqueta de jamón corriente. El local conserva el ambiente de bodega antigua, con barricas y mostrador de madera, y suele llenarse a la hora del aperitivo, así que conviene llegar pronto si se quiere sitio en la barra. Es una parada obligatoria para quien busca la croqueta cántabra en su versión más castiza, sin artificios ni presentaciones de autor.

Bodega Cigaleña
A pocos metros, en la calle Daoiz y Velarde, Bodega Cigaleña combina una carta de vinos que roza las mil referencias con una cocina de taberna que no defrauda. Sus croquetones de jamón, de tamaño generoso y bechamel muy fina, conviven en la carta con una croqueta de chorizo que sorprende a quien esperaba solo la clásica de jamón. El local cierra los martes y miércoles, así que conviene planificar la visita si se viaja entre semana. La combinación de buen vino y croqueta funciona especialmente bien aquí: llevan décadas siendo una referencia del tapeo santanderino. Muchos clientes piden la ración de croquetas como acompañamiento de una copa de vino de la extensa carta, una combinación que resume bien el espíritu de la casa: comer bien sin necesidad de una mesa reservada.

Cañadío
Frente a Bodegas La Conveniente, en la misma calle Gómez Oreña, el restaurante Cañadío lleva más de tres décadas cocinando con un pie en la tradición y otro en la cocina moderna. Sus croquetas de jamón se sirven cremosas y bien fritas, un clásico dentro de una carta donde los platos principales rondan los 19-24 euros y el potaje del día cuesta 9. El restaurante aparece recomendado también en la web de Turismo de Santander, y es una opción algo más formal que una tasca de barra, con mesas y servicio de restaurante, ideal para quien quiere probar la croqueta cántabra sentado y sin prisa.

Maula Gastro Bar
En la avenida Reina Victoria, frente a la bahía, Maula Gastro Bar representa la cara más moderna de la croqueta santanderina. Su croqueta líquida, de interior casi fundido y toques que beben de la cocina asiática, se ha convertido en la razón por la que muchos cruzan la ciudad para probarla. El ambiente es de gastrobar desenfadado, con una carta que juega con el dulce y el salado y raciones pensadas para compartir, así que es la parada ideal si se busca algo distinto a la croqueta de toda la vida sin salir de Santander. La carta se completa con platos que rotan según temporada y con una carta de cócteles pensada para acompañar el picoteo, lo que convierte una visita rápida a por croquetas en, casi sin querer, una cena entera.

Mesón Rampalay
En pleno casco antiguo, en la misma calle Daoiz y Velarde, Mesón Rampalay es uno de los bares de tapeo con más solera de Santander. Sus croquetas caseras, sencillas y sin pretensiones, son una parada habitual en cualquier ruta de pinchos por el centro, junto con raciones de cocina tradicional y un ambiente de barra que se llena de gente de pie a la hora del vermú. No busca reinventar nada, y esa es precisamente su virtud: la croqueta de siempre, bien hecha, en el bar de siempre. Es también una parada habitual para quien busca un menú del día sencillo entre semana, sin colas ni esperas largas, algo que se agradece si se visita el centro de Santander en temporada alta.

Restaurante Solana
En Ampuero, a menos de media hora de Bareyo, el Restaurante Solana cierra esta lista por todo lo alto. Su croqueta de jamón Joselito fue nombrada campeona del mundo en 2017, un logro reconocido también por la Guía Michelin, que mantiene su Estrella desde hace años sin que la croqueta pierda su punto casero. Conviene reservar con antelación, porque la fama del plato hace que las mesas vuelen, sobre todo los fines de semana. Es la excusa perfecta para combinar una croqueta de referencia mundial con una escapada al valle del Asón. El propio pueblo de Ampuero, a orillas del río Asón, merece una vuelta después de comer, y queda a un paso de la romería de La Bien Aparecida, patrona de Cantabria.

Lo que hay que saber
Todas estas direcciones están a menos de 40 minutos en coche desde Bareyo, la mayoría concentradas en el centro de Santander y accesibles a pie unas de otras. Una ración de croquetas de tasca ronda los 8-10 euros, mientras que en Cañadío los platos principales suben hasta los 19-24 euros. En el Restaurante Solana, al tratarse de un restaurante con Estrella Michelin, conviene reservar mesa con varios días de antelación, especialmente en fin de semana, y ten en cuenta que Bodega Cigaleña cierra los martes y miércoles si vas entre semana. Si viajas en coche, ten en cuenta que el centro de Santander tiene zona azul de pago en horario comercial, así que conviene calcular bien el tiempo o dejar el coche en un parking cercano. Y si después de esta ruta te apetece seguir de picoteo, no te pierdas nuestra ruta de pinchos por Santander: dos rutas gastronómicas que se completan a la perfección.
«La croqueta cántabra no necesita reinventarse para sorprender: entre la bechamel de cocido de una bodega centenaria y la Estrella Michelin de un pueblo del Asón hay sitio para todos los gustos.»
Recorrer estas seis direcciones es también una buena forma de conocer Santander y sus alrededores fuera de las rutas turísticas más trilladas, moviéndose de tasca en tasca o alargando el plan hasta Ampuero para una comida con más calma. Si además de probar la mejor croqueta de Cantabria te apetece alargar la escapada, cerca de Bareyo tienes sidra, marisco de temporada y rutas de senderismo para completar el fin de semana. Bareyo Residences empezará a recibir a sus primeros huéspedes en septiembre de 2027, y su ubicación en la costa de Trasmiera lo convierte en un buen punto de partida para este tipo de rutas gastronómicas.


