El Parque de las Secuoyas de Cabezón de la Sal es un bosque de 848 secuoyas gigantes de hasta 36 metros de altura, plantado en los años cuarenta en 2,5 hectáreas junto a la A-8. La entrada es gratuita, no hace falta reservar y se recorre en una ruta circular de unos dos kilómetros en menos de una hora.
A cincuenta minutos de Bareyo, justo donde la autovía del Cantábrico se despide de la costa para adentrarse hacia Comillas, hay una parcela de árboles que no debería estar ahí. Son secuoyas de California, la especie que en su hábitat original supera los 80 metros, plantadas en pleno corazón de Cantabria mucho antes de que nadie pensara en el turismo de naturaleza. El resultado, ocho décadas después, es un bosque denso y silencioso que sorprende a quien lo pisa por primera vez.

No hace falta ser experto en árboles para notar la diferencia de escala: los troncos rectos y rojizos se pierden hacia arriba, la luz llega filtrada y el suelo, blando por las agujas caídas, amortigua cada paso. El silencio también es distinto al de un bosque autóctono cántabro: al plantarse en una cuadrícula tan regular, apenas hay sotobosque, y eso deja una acústica casi de catedral bajo las copas. Es una parada corta, de menos de una hora, que encaja bien en una ruta hacia la costa occidental o como respiro en un viaje de vuelta desde los Picos de Europa.
Las secuoyas de Cabezón de la Sal: un experimento forestal de posguerra que se hizo bosque
La parcela se plantó en la segunda mitad de los años cuarenta, cuando el recién creado Patrimonio Forestal del Estado (1941) buscaba especies madereras capaces de sustituir a las autóctonas en la producción industrial. Los técnicos importaron semillas de secuoya gigante de California y las distribuyeron en una cuadrícula regular, con unos tres metros entre tronco y tronco, sobre 2,5 hectáreas del monte Cabezón. El experimento maderero nunca llegó a explotarse, pero el bosque sobrevivió: hoy se conservan 848 ejemplares, con una altura media de 36 metros y un perímetro medio de 1,6 metros. En 2003, el Gobierno de Cantabria lo declaró Monumento Natural mediante el Decreto 41/2003, incorporándolo a la Red de Espacios Naturales Protegidos de la región.

La ruta circular de dos kilómetros por el bosque
Desde el aparcamiento sale un sendero señalizado que recorre la parcela en un circuito cerrado de unos dos kilómetros, con tramos de pasarela de madera en las zonas más húmedas. El terreno es prácticamente llano, así que se hace en unos 40-45 minutos caminando sin prisa, y es perfectamente viable con niños o con carrito en los tramos secos. Conviene llevar calzado cerrado si ha llovido los días anteriores, porque el suelo retiene la humedad bajo el dosel de los árboles. No hay ninguna instalación dentro del bosque -ni bar, ni tienda-, así que es una visita de naturaleza pura, sin nada que distraiga del propio paseo. Si os gusta encadenar caminatas, nuestra guía de rutas de senderismo cerca de Bareyo reúne otros cuatro recorridos por la zona que merece la pena añadir a la lista.

Cómo llegar desde Bareyo
El acceso más directo es por la A-8: hay que tomar la salida 249, señalizada como La Virgen/Comillas/Cabezón de la Sal, y después la carretera CA-135 que une precisamente Cabezón de la Sal con Comillas. En menos de un kilómetro por esa carretera aparece el aparcamiento del bosque, con espacio de sobra incluso en temporada alta. Desde Bareyo son algo más de 50 minutos en coche, y al estar la parcela justo en la carretera que lleva a Comillas, es fácil encadenar la visita con una tarde en la villa o con El Capricho de Gaudí sin desviarse apenas del camino.

Lo que hay que saber
Entrada gratuita, sin horario fijo ni necesidad de reserva. El aparcamiento es gratuito y está a pocos metros del inicio de la ruta. No hay bar ni tienda dentro del bosque, así que conviene llevar agua si se hace en un día caluroso, y merece la pena evitar las horas centrales del día en pleno verano, cuando el aparcamiento se llena antes. Es un plan de menos de una hora, ideal para combinar con una jornada más larga por la costa occidental de Cantabria o con los Valles Pasiegos. Se puede visitar con perro atado y con carrito de bebé en los tramos sin pasarela de madera.
Caminar entre troncos de metro y medio de perímetro, plantados hace ochenta años a pocos metros de la autovía, es una de esas sorpresas de Cantabria que no salen en las postales.
El Parque de las Secuoyas es de esos planes que funcionan igual de bien como excursión principal que como parada de una hora dentro de un día más largo por la costa occidental. Si os alojáis en Bareyo Residences, tenéis la ventaja de partir ya desde la zona con mejor acceso a la A-8 en dirección a Comillas, así que la logística es sencilla incluso si el bosque es solo una de las tres o cuatro paradas del día. Para quienes ya están mirando fechas de una escapada más tranquila, septiembre de 2027 empieza a tener hueco en nuestro calendario de disponibilidad.



